Sería políticamente incorrecto afirmar en un foro organizado por mujeres que el problema no es de género, que el problema tiene que ver con el sistema. El sistema deportivo tiene estructuras de poder monopolísticas, una adaptación ineficiente de la democracia, y unos mecanismos de control social internos y externos ineficaces. Proponemos un cambio estableciendo marcos de referencia para la democracia deliberativa, articular deliberación y autoridad, y mejorar el balance de poder en el deporte, ejercido por los atletas y sus padres de familia.

Quienes hablamos de la necesidad de cambiar el sistema, hemos gravitado alrededor de cuatro grandes estrategias para lograrlo: normativas y estructurales, políticas, culturales y tecnocráticas.

1. (Normativa y estructural) Cambiamos si se cambia la ley. 

2. (Política) Cambiamos si tenemos una política que nos diga qué hacer y cómo hacerlo. 

3. (Cultural) Cambiamos cuando cambiemos nuestras prácticas, nuestras creencias sobre lo que funciona y lo que no.

4. (Tecnocrática). Necesitamos técnicos administrando y dirigiendo recursos públicos.

Un cambio de fondo, como el que las mayorías proponemos, necesita de todas las anteriores. Ya la experiencia nos ha demostrado que los cambios normativos, de arriba hacia abajo no funcionan, al menos no tienen el poder de producir cambios sustanciales.

Proponemos tres temas y una propuesta de cambio.

TEMA 1. CULTURAS TÓXICAS DE RENDIMIENTO. 

Entre 2017 y 2022 las autoridades en Estados Unidos recibieron cientos de demandas sobre casos de abuso sexual, acoso, y negligencia en 12 federaciones deportivas. Esto fue sistematizado por los profesores Krieger y Parks, quienes concluyeron que hay 4 fuentes que facilitan el abuso:

  1. Estructuras de poder monopolísticas.
  2. La falta de representación de atletas.
  3. Conflictos de intereses en Comités Ejecutivos.
  4. Excesiva comercialización.

Hartill et al. (2021) sobre el maltrato en seis países europeos revelaron que el 65% de los niños sufría violencia psicológica, el 44% violencia física, el 37% abandono, el 35% violencia sexual sin contacto y el 20% violencia sexual con contacto.

De esta forma, numerosos estudios sostienen que el desequilibrio de poder entre los deportistas y los entrenadores o administradores puede contribuir a facilitar los abusos sexuales (Brackenridge et al. 2008; Stirling y Kerr 2009; Roberts et al. 2020; Wilinsky y McCabe 2021; Gaedicke et al. 2021). 

A manera de conclusión, el sistema deportivo actual facilita las condiciones para el abuso en Estados Unidos y en otros países del mundo. Tres propuestas para este problema:

Equilibrar la asimetría de poder entre Comités Ejecutivos y atletas creando instancias de representación de atletas independientes (activos).

Advertir los conflictos de intereses en Comités Ejecutivos ante autoridades u organizaciones de la sociedad civil (control social/naming and shaming).

Aumentar el control a la gestión financiera.

TEMA 2. DEMOCRATIZAR EL DEPORTE.

Decía Juan Villoro que las democracias modernas han permitido “zonas francas” para ejercer la corrupción. Una de ellas es el deporte organizado.

Una concepción general de la democracia debería incluir 4 elementos: el control popular efectivo a la gestión, equidad política, deliberación, es decir, que las ideas o propuestas puedan ser deliberadas y protección a los DDHH.

Por otro lado, la democracia puede ser entendida desde tres perspectivas: representativa, participativa, y deliberativa. En la primera, alguien representa los intereses de la mayoría. En el deporte, un grupo de personas eligen otro grupo de personas que los representa, y éstos a su vez participan en otras elecciones en niveles superiores. Sus fallas tienen que ver con la falta de interés y participación de las mayorías y/o la falta de compromiso de los delegados. Esto puede ser ampliado por la teoría económica del problema Principal-Agente. 

En la segunda (participativa), se busca involucrar a los participantes en las decisiones de la organización, haciendo el proceso más diverso, justo y equitativo. Por ejemplo, la implementación de canales abiertos de comunicación, debates públicos o conversaciones con stakeholders clave.

En la tercera (deliberativa), se pretende que los actores puedan manifestarse, y participar en debates abiertos, libres y públicos.

Estas perspectivas son complementarias, y deberían ayudar a tener un marco de referencia para democratizar el deporte de la teoría a la práctica.

El Comité Olímpico Internacional se refiere a los procesos democráticos en el marco de lo que ellos llaman Gobernanza Institucional (estructuras, marco regulatorio, comités, responsabilidad y transparencia, democracia, votaciones y elecciones, renovación de oficiales, apelación de decisiones).

Sobre los procesos democráticos dice:

  1. Que todos los miembros tendrán acceso, a su debido tiempo, a la información pertinente relativa a las reuniones, incluidos el orden del día, los documentos pertinentes, las actas de las reuniones, etc.
  2. Que los órganos de gobierno se reunan periódicamente, y la Asamblea General lo haga al menos una vez al año.
  3. Que todos los miembros tengan derecho a expresar su opinión sobre los temas del orden del día.

Sobre las votaciones:

  1. Que los miembros ejerzan su derecho al voto.
  2. Que se establezca el quórum de las reuniones y la mayoría necesaria para la toma de decisiones.
  3. Que el proceso electoral tenga normas claras, democráticas y transparentes.
  4. Que exista un proceso y plazo claros para presentar las candidaturas y comunicar la lista de candidatos elegibles.
  5. Que existan normas de campaña para que los candidatos presenten sus programas.
  6. Que la votación sea secreta.
  7. Que se publiquen los resultados de las elecciones.

Como conclusión, el ajuste que las organizaciones deportivas han hecho a la democracia no es suficiente, se necesita más participación y deliberación. Se amplía el tema en la última parte de la entrada.

TEMA 3. VEEDURÍAS CIUDADANAS ¿POR QUÉ NO FUNCIONAN?

Las veedurías aparecen en 1989 mediante un decreto presidencial que impulsaba la creación de las Veedurías Populares como comités de fiscalización de los Proyectos del Plan Nacional de Rehabilitación, donde además de los beneficios de dichas políticas, participaban autoridades gubernamentales y representantes de sectores organizados, entre ellos, partidos políticos. Las veedurías dejaron de hacer control social y se han convertido más en agentes del Estado, pasando del control social al control societario. ¿Qué significa esto?

Una tendencia creciente en democracias modernas es la creación de instancias de evaluación y auditoria en los últimos 40 años. En esta gráfica se observa la evolución de las veedurías en Colombia. Una explosion de oferta institucional. 

Se genera entonces un conjunto casi indiferenciable de los tres poderes del Estado. Bajo la figura de las VC convergen múltiples actores involucrados en el diseño y la ejecución de políticas de vigilancia a la gestión pública, como son la RIAV Red de Apoyo a las Veedurías Ciudadanas; la CNM Comisión Nacional de Moralización, la CNAV Consejo Nacional de Ayuda a las Vïctimas, y la CNCLCC (Comisión Nacional Ciudadana para la Lucha contra la Corrupción).

Otro tanto ocurre con los temas Anticorrupción, tal como se observa el mapa en Colombia. En la materia el problema no es normativo ni tecnológico, son los bajos niveles de implementación y participación. Ver entrada sobre Política Anticorrupción en Colombia.

Las VC son cooptadas por el estado pasando al control societario, gracias a mecanismos de inducción y acompañamiento, generados por el sistema. La inducción se refiere a procesos de difusión, promoción, capacitación y asesoría por agentes del Estado. Por otro lado, los procesos de acompañamiento implican movilización de recursos con la colaboración de terceros. En efecto, algunas ONGs terminan ejerciendo control societal en lugar de control social. En este caso, se presenta lo que llaman los académicos el isomorfismo: coercitivo, mimético, y normativo.

Coercitivo: Cambian por presiones internas o externas. 

Mimético: Se imitan otras organizaciones cuando hay metas y procedimientos poco claros en la organización. 

Normativo: Conformación de grupos especializados que gozan de un reconocimiento disciplinar y que establecen patrones de comportamiento en un intento para que otros se unan. 

En conclusión, algunas ONGs y VC caen en mecanismos de isomorfismo institucional ejerciendo control societal en lugar del control social. Otras se agotan en el camino por múltiples factores (expulsión del sistema, autocensura, falta de capacidades, estructura y recursos, entre otros). Ambas son cooptadas por el sistema gracias a mecanismos de inducción y acompañamiento.

PROPUESTAS PARA EL CAMBIO 

Debemos reconocer la complejidad del sistema para incorporar lo que llaman los autores la “racionalidad deliberativa” como única respuesta posible a esta complejidad (Mansbridge, 1983; Gutmann y Thompson, 2004; Martí, 2006).

Es necesario transitar desde modelos jerárquicos y autoritarios hacia modelos reticulares y participativos (Castells, 1996; Rhodes, 1997; Pierre, 2000; Fischer, 2003).

Desde la gestión pública se ha planteado la necesidad de sustituir la tecnocracia gerencial por el pluralismo y la colaboración (Kettl, 2002; O’Leary y Bingham, 2009; O’Leary, Van Silke y Kim, 2010).

Para algunos, el proceso deliberativo termina generando puntos de encuentro, mientras que para otros el conflicto nunca desaparece y es necesario completar el dialogo con un ejercicio de autoridad. Por experiencia y sentido común, sabemos que los conflictos siempre estarán en la agenda pública. Los sistemas son y serán complejos, por lo tanto es necesario incorporar espacios deliberativos, así como el ejercicio de la autoridad pública. Para avanzar en esta dirección, Joaquim Brugué propone tres condiciones:

  1. Partir de marcos de referencia definidos políticamente. Ampliar el marco del debate pero delimitar también sus fronteras. Si el espacio deliberativo es excesivamente reducido, la deliberación pierde sentido; mientras que si las fronteras están excesivamente difuminadas, la ausencia de autoridad se traducirá, de nuevo, en parálisis de la política pública. En el arte de equilibrar el espacio con sus límites encontramos la articulación de la deliberación con la autoridad.
  2. Escuchar y responder: la doble obligación. Mitificar la posibilidad de alcanzar consensos permite, al menos teóricamente, descartar el ejercicio de autoridad. Si hemos llegado a un acuerdo, la deliberación es suficiente y no requiere de autoridad. Se debe articular deliberación y autoridad.
  3. De clientes a ciudadanos. La administración pública no es una empresa sino una institución pública. El deporte es un bien y un servicio público, su privatización a través de las estructuras del deporte federado han creado una isla donde se ejerce el poder en formas autoritarias.

En las democracias modernas el equilibrio entre la deliberación y la autoridad recae en los ciudadanos. En el deporte, este equilibrio debe ser ejercido por los atletas y sus padres de familia.

Por Editor E

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