RIO 2016: UNOS JUEGOS SALPICADOS POR LA POLÉMICA

Compra de votos, malversación de fondos, elefantes blancos, Estado de calamidad, crisis política. A pesar del éxito deportivo de los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica, Rio 2016 se realizó en un contexto de controversia. Aquí repasaremos los principales conflictos que desató el evento, para aprender de los errores, y fortalecer el futuro del movimiento olímpico en la región.

Era un domingo lluvioso en Río de Janeiro. El mundo miraba a través de la televisión a un señor vestido de traje negro, corbata a rayas y sombrero de pana. Se mostraba exultante, orgulloso de lo que se había logrado. La lluvia lo empapaba por completo, pero parecía no importarle. El Maracaná con baches en el público, -algo inusual para una ceremonia olímpica.- veía como Eduardo Paes, alcalde de Río, le entregaba la bandera olímpica a Yuriko Koike, alcaldesa de Tokio. Esta señora solemne vestida de kimono, tomaba la posta para organizar los próximos Juegos Olímpicos, deseando que los suyos fuesen más tranquilos que los que acababan de finalizar.

Después de 3 años de aquella cita olímpica, Paes logró esquivar la justicia y no cayó en prisión. Sin embargo, una oleada de denuncias de malversación del dinero público cayó sobre él, y Río de Janeiro pagó gravemente las consecuencias de la mala administración del evento.

Paes tuvo mejor suerte que Sérgio Cabral, ex gobernador del Estado de Río de Janeiro, quien efectivamente está cumpliendo una condena de 198 años de cárcel desde el 2016 por corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. Hace pocas semanas volvió a ser protagonista en los diarios brasileños por haber asumido ante un juez, que pagó la suma de 2 millones de dólares para sobornar a miembros del Comité Olímpico Internacional para que Río se adjudicara la sede.

Cabral afirmó ante el juez responsable de la investigación del “Lava Jato”, que tanto el expresidente Lula Da Silva como Paes sabían del pago de sobornos, aunque los desligó del esquema de corrupción. Por otro lado, las investigaciones del Ministerio Público Federal Brasileño apoyadas en las declaraciones de Cabral enlazan también al ex presidente del Comité Organizador, Carlos Arthur Nuzman, que ya fue acusado de corrupción pasiva, organización criminal, blanqueo de dinero y evasión de capitales.

El máximo responsable de la organización de los juegos y Miembro Honorario del COI (Nuzman) había sido arrestado el 5 de octubre de 2017 y liberado de forma condicional 14 días después. En la actualidad, aún se encuentra esperando su juicio, pero un tribunal brasileño ya le prohibió la salida del país. Inmediatamente tras su detención hace dos años, el Comité Olímpico Internacional decidió suspenderlo en sus funciones dentro del organismo regente del deporte mundial. Además, decidió suspender momentáneamente al Comité Olímpico Brasileño, medida que no afectó a los deportistas brasileños, y que fue levantada durante la sesión realizada en los Juegos de PyeongChang 2018.


“Sesi-SP e Comitê Rio 2016 assinam acordo para incentivar formação esportiva de 100.000 alunos” by FIESP is licensed under CC BY-NC-ND 2.0 

El presupuesto de los juegos fue otro conflicto en la organización. Un mes antes de la ceremonia inaugural, el mismo ya había superado en un 51% los costos iniciales, llegando a la cifra de aproximada de US$ 1.6 mil millones. Según un estudio de la Universidad de Oxford, -a pesar de que la cifra era “modesta” en comparación con los presupuestos de ediciones anteriores-, la situación económica brasileña no podía ser peor. De hecho, durante los juegos, Brasil atravesó la peor crisis de su historia. De acuerdo con los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, hubo una caída acumulada del PBI del 7%, el cierre de más de dos mil empresas y más de 400 mil desempleados.

La situación era extrema. A solo 49 días de los Juegos Olímpicos, el Estado de Río de Janeiro debió decretar el “Estado de Calamidad Pública”, debido a que se veía imposibilitado de garantizar los servicios de seguridad y salud. El decreto firmado por el gobernador interino de aquel momento, Francisco Dornelles, permitía la ejecución de medidas extraordinarias, como el recorte de gastos, definir qué deudas pagar y cuáles contraer y, sobre todo, solicitar auxilio al gobierno federal para el envío de más recursos.

El decreto dejaba muy en claro que las autoridades competentes autorizadas podían “adoptar las medidas excepcionales necesarias para la realización de todos los servicios públicos esenciales, con vistas a la realización de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos”. Por si fuera poco, el documento aseveraba que la crisis podía ocasionar “el total colapso en la seguridad pública, la salud, la educación, la movilidad y la gestión ambiental”.

Un año después de acabados los juegos, la Agencia AP realizó una investigación acerca de la inversión total que demandó el evento. Accedieron a documentación de agencias gubernamentales a nivel local, estatal y federal, y determinaron que los Juegos Olímpicos costaron 13 mil 100 millones de dólares. El Comité Organizador había estimado previamente la cifra de 2 mil 800 millones. Lo cierto es que aún hoy no hay cifras exactas acerca del gasto total, debido a que el Comité Organizador aún se encuentra vigente y continúa pagando sus deudas.

Finalmente, los elefantes blancos. La Autoridad Pública para el Legado Olímpico de Brasil indicó en conferencia de prensa en junio de 2017, que la construcción de nuevas instalaciones deportivas demandó poco más de 2 mil millones de dólares. Río de Janeiro ya contaba con infraestructura de los Juegos Panamericanos 2007, pero algunas edificaciones debieron volver a construirse ya que no contaban con los parámetros solicitados por las Federaciones Internacionales, tal y como sucedió con el Velódromo de Barra da Tijuca.

Estadio Acuático, Parque Olímpico Barra da Tijuca. Fuente: AP.

Otro informe de Associated Press presentado en 2017, señalaba que muchas de las sedes olímpicas se encontraban vacías y abandonadas, sin inquilinos ni ingresos. La mayoría de los estadios pasaron a manos del gobierno federal tras el evento, pero el plan para venderlos a empresas privadas fracasó cuando solo hubo un interesado. El fiscal federal Leandro Mitidieri comentó a la prensa brasileña que “no hubo planificación cuando se presentó la candidatura” y que ahora las instalaciones eran “trastos”.

La cuenta de Twitter @Rio2016 se transformó en el canal oficial para mostrar el aparente legado de los juegos: la Arena Carioca 1 del Parque Olímpico de Barra da Tijuca albergó el Abierto de Brasil de Jiu-jitsu, la Copa Intercontinental de la FIBA, el Grand Slam de Taekwondo 2019, etc. Además, se mostró que las piscinas olímpicas de Barra fueron desmanteladas y trasladadas a diferentes regiones de Brasil, como en San Salvador de Bahía y la localidad de Guaratinguetá, en São Paulo.  No obstante, queda aún por resolver la utilización del resto de las sedes.

Río 2016 deberá servir de lección para el futuro del olimpismo. Plantea interrogantes acerca de la gobernanza y la sustentabilidad de los Juegos Olímpicos. El desafío será que no se repitan los mismos errores, y que el mundo del deporte pueda gozar de un evento transparente y de calidad, como se lo merece.