¿Gobernanza, o Buena Gobernanza?

La regla de oro en la gobernanza es: ‘No hay nada bueno ni malo en la gobernanza, solo decisiones y consecuencias’.
La gobernanza es un concepto multidimensional, se relaciona con las decisiones y consecuencias que estas traen para las partes interesadas en las organizaciones. Este concepto viene de la administración privada y ha sido expandida a organismos públicos (Borja Garcia, 2017).

La gobernanza es el ejercicio del poder. Esta definición es corta y contundente, veamos esta otra:

La gobernanza habla sobre la distribución del poder, la autoridad y la legitimidad para tomar decisiones en una organización o en un conjunto de organizaciones.

Borja García, 2017

La gobernanza tiene que ver con:

Las estructuras y la toma de decisiones, la distribución del poder y la autoridad en un sistema u organización, la relación entre actores y partes interesadas, y los procesos para adoptar políticas, establecer objetivos e implementar decisiones.

Para hacerlo simple, entendamos la gobernanza desde dos pilares, la gobernanza sistémica y la buena gobernanza. La primera se trata de redes públicas y privadas, de modelos de políticas. Para describir la gobernanza se acude a una descripción del sistema, un análisis de los actores, una caracterización y una clasificación de la gobernanza. La segunda se refiere a una serie de principios.

‘La administración se trata de liderar una organización, la buena gobernanza es asegurarse y demostrar que está correctamente administrada’.

Tricker, R.I. (2000). Corporate Governance (History of Management Thought), London: Ashgate

En Europa se han realizado varios estudios para definir los principios de la buena gobernanza en el deporte. La definición de buena gobernanza descanza bajo los enfoques de la gobernanza corporativa y democrática. Los Principios Básicos Universales de Buena Gobernanza del Sistema Olímpico y Movimiento Deportivo son el resultado de ambos enfoques (Chapelett, 2013).

La buena gobernanza se vuelve popular cuando aparecen denuncias de corrupción y mala gestión en grandes corporaciones y organizaciones sin ánimo de lucro (Chapelett, 2016). Desde la década de 1960, los Estados europeos han tratado de regular el deporte estableciendo un marco legislativo para las organizaciones deportivas a nivel nacional (Chapelett, 2013). La buena gobernanza en el deporte ganó más interés cuando el escándalo de Salt Lake City fue expuesto por la prensa a comienzos de la década del 2000. Para ese entonces, el COI estableció los Principios Básicos Universales de la Buena Gobernanza en el Sistema Olímpico y el Movimiento Deportivo (PGG por sus siglas en inglés), y exigió su adopción obligatoria para todos los miembros del Movimiento Olímpico. La respuesta de algunas federaciones internacionales fue la de adoptar sus propias reglas de buena gobernanza justificando la preservación de la autonomía deportiva (Chapelett, 2013). Estos PGG fueron utilizados por el COI para sancionar la Federación Internacional de Lucha por no tener mujeres en sus órganos de decisión y por no tener comisión de atletas (Chapelett, 2016).

Desde principios del año 2000, se han propuesto innumerables definiciones de gobernanza deportiva; Chapelett y Mrkonijc identificaron más de 35 principios de buen gobierno en el deporte. El COI se refiere sistemáticamente a más de 100 indicadores que se pueden deducir de los PGG, aunque hayan sido ambiguos y difíciles de aplicar según algunos expertos (Chappelet, Jean-Loup and Mrkonjic, 2013). La Comisión Deportiva Australiana (ASC) definió la gobernanza deportiva como “las estructuras y procesos utilizados por una organización para desarrollar sus objetivos y dirección estratégicos, monitorear su desempeño en relación con estos objetivos y garantizar que su junta directiva actúe en el mejor interés de los miembros” (Hoye & Cuskelly, 2007).

Para la ASC, las prácticas de gobernanza ineficaces no solo impactan negativamente el deporte, sino que también socavan la confianza en la industria deportiva australiana en general (ASC, 2015). A pesar de esto, Hoye dice que “no existe un consenso universal sobre qué es la gobernanza deportiva”.

La agencia de deportes Nueva Zelanda, Sport New Zealand, proporciona una definición de gobernanza deportiva como “el proceso por el cual la junta directiva; asegura que las organizaciones cumplan con todos los requisitos legales y constitucionales; establece dirección estratégica y prioridades; establece políticas de alto nivel y expectativas de desempeño de la administración; caracteriza y supervisa las gestiones de riesgos; y evalúa el desempeño de la organización para ejercer su responsabilidad ante las organizaciones y los propietarios (Sport New Zealand, 2017).

La Unión Europea ha financiado varias universidades en su territorio para evaluar la gobernanza en organizaciones deportivas internacionales y nacionales. Como producto de esta colaboración se han desarrollado proyectos como BIBGIS (Indicadores Básicos para una Mejor Gobernanza en el Deporte Internacional) (Chappelet, Jean-Loup y Mrkonjic, 2013); SGO (Observador de la Gobernanza Deportiva) (Geeraert, 2015) y otros como el Grupo de Trabajo sobre gobernanza (GTF) con el apoyo de la Asociación de Federaciones Olímpicas Internacionales de Deportes de Verano, ASOIF por sus siglas en inglés (ASOIF, 2017, 2018).

El amplio concepto amplio del deporte, el dinero incremental del gobierno, las industrias de apuestas y publicidad, la participación de múltiples partes interesadas, la incertidumbre social del deporte y la solicitud de autonomía por parte de las organizaciones deportivas hacen que el gobierno de estas organizaciones deportivas sea cada vez más complejo (Chapelett, 2016).

En el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica entre otros, se han publicado directrices que promueven la buena gobernanza en formas de códigos o principios que deben aplicar las organizaciones deportivas. Algunos ejemplos de esto son el conjunto de Principios Rectores para las Organizaciones Deportivas Nacionales (ASC, 2015); Guía de nueve pasos para una gobernanza efectiva (Sport New Zealand, 2017); conjunto de Principios de Buenas Prácticas de Buen Gobierno en el Deporte en 2004 (Sudáfrica) y Guía de Buen Gobierno para los Cuerpos Directivos Nacionales (Reino Unido) (Hoye y Cuskelly, 2007). El uso de indicadores, códigos, directrices, acuerdos voluntarios y enfoques de referencia se presentan como “enfoques de políticas innovadoras” con connotación positiva. Estos enfoques se consideran flexibles, adaptables y por lo tanto, más eficaces, rápidos, proactivos, participativos y enfocados de abajo hacia arriba (Misener, 2012).

2 comentarios de “¿Gobernanza, o Buena Gobernanza?”

  1. El tema de la gobernanza comienza a apasionarme. A pesar de ser una definición relativamente nueva para mi, soy conciente y crítica de que las organizaciones deportivas deben ser dirigidas a través de niveles de transparencia que se logran solo con una buena gobernanza corporativa.

    Gracias por su aporte

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