El problema de las decisiones morales

Las decisiones morales son difíciles porque la violación de los valores en Colombia no es castigable, y…. ser ético en este país no es rentable. Es difícil vender el discurso ético, ello no genera utilidad y mucho menos reconocimiento, pero, por el contrario, para algunos la violación de los principios éticos es una habilidad que la superponen para mantenerse en los hilos decisorios del poder.

En un país con alto grado de intención en sus decisiones públicas, en donde se justifica desde la explicativa jurídica con el aforismo “lo que no está jurídicamente prohibido, esta jurídicamente permitido”, semejante frase de cajón sirve para justificar que se está haciendo lo correcto; más allá de la legalidad de las decisiones administrativas para la concreción de la administración pública. Frecuentemente, los líderes se enfrentan a conflictos en los que deben elegir entre varias formas de actuar que pueden tener efectos negativos dependiendo de su interés. Se exponen al límite de los riesgos.

Citan John Mackey y Raj Sisodia, en su libro Capitalismo Consiente (pg 265- 2018), que el profesor de ética empresarial, de la Universidad de Harvard, señala “que muchas cuestiones morales son fáciles porque consiste en decidir entre algo que es claramente bueno y algo que es obviamente malo, pero la verdadera prueba es cuando “debemos escoger entre dos opciones buenas…. es muy difícil porque tomaremos direcciones
distintas que conllevan responsabilidades”.

En estos casos, es donde se pone en riesgo la “fuerza moral”, porque se actúa dependiendo el interés particular y el propósito que el tomador de decisiones tenga, que le generen mayor “ganancia “a todos los que quiere salvar o proteger con el acto que está tomando. No le importa sacrificar el valor superior empresarial, se inventan estrategias que puedan lograr altos réditos a cuesta de sacrificar la reputación “Institucionalidad”.

Aunque parezca legal y políticamente correcto es moralmente incorrecto utilizar el entramado institucional para nombrar en posiciones de direccionamiento a cónyuges, hermanos, primos, sobrinos, cuñados, tíos, familiares o personas afectivas familiarmente, entre otros, porque esas decisiones probablemente no atentan contra la legalidad, pero disminuyen la “fuerza moral”, el prestigio, la credibilidad y generan desconfianza entre sus direccionados, que son al fin y al cabo, a lo que les corresponde instrumentalizar la empresa para la toma de decisiones, la cual debe ser en favor de nuestro agregado social y no para la concretar la voluntad del jefe familiarizado.

No es suficiente con revelar en un documento la declaración de conflicto de intereses. La Organización para el Desarrollo Económico (OCDE), de la cual hacemos parte como país, ha dicho frente a esto que “considera importante promover una cultura de integridad a través de un sistema completo, en el cual se pueda generalizar en las entidades públicas mecanismos que permitan tener una coherencia frente a los valores, puesto que existen leyes y dispositivos que no permiten una coherencia y consistencia en los diferentes conflictos de intereses que se puedan presentar”.

Así las cosas, las contrataciones se convierten en una comedia, en tanto los sujetos activos y pasivos de los respectivos procesos contractuales, concurren en la parte precontractual para pifiar los criterios que seleccionan al ganador. Luego, la construcción de los pliegos de condiciones y posteriormente el contracto obedecen a los intereses de los direccionadores, que a través del ejercicio de la supervisión, que también está bajo la responsabilidad de ellos, permiten que el seleccionado contratista entregue bajo la modalidad de subcontrato hasta un 80% de los productos requeridos, lo que termina encareciendo los transacciones, poniendo en riesgo la calidad de los productos ofrecidos a la empresa contratante, burlando todo el proceso contractual, la institucionalidad representadas en los diferentes comités, y hasta incidiendo en el estudio de mercado para participar en la farsa contractual, es decir, son los mismos con las mismas.

Las decisiones morales son difíciles porque la violación de los valores en Colombia no es castigable, y…. ser ético, en este país no es rentable, es difícil vender el discurso ético. Ello no genera utilidad, mucho menos reconocimiento, por el contrario para algunos la violación de los principios éticos es una habilidad que la superponen para mantenerse en los hilos decisorios del poder.