El Íncubo* en Los Juegos Nacionales.

Si seguimos el mismo camino, los retrasos e inconformidades seguirán apareciendo, y el íncubo de los Juegos habrá tomado nombre propio, como el demonio que siempre ha estado ahí.

Los Juegos Deportivos Nacionales del Bicentenario serán recordados por ser los juegos con el mayor número de lanzamientos, celebraciones y conmemoraciones; de eso estamos seguros. Dirigentes locales suspendidos, y autoridades nacionales del deporte, se han dado un festín de vítores y despampanante publicidad. Pero la historia de los JDN, que nacieron como unos Juegos Olímpicos Nacionales, es una historia de improvisación, corrupción, clientelismo y adiciones a obras interminables, entre otras cuestiones. La corrupción, que siempre ha estado allí tan natural, aceptada por todos como una resignación para trabajar en el sector público, nos plantea el deber moral de traer esta discusión.

La corrupción en eventos deportivos parece un íncubo del sistema deportivo -que, por cierto- no es un problema exclusivo de Colombia; pero aquí los antecedentes, son vergonzosos. “No hemos promocionado tanto los Juegos, porque nos dedicamos a salvarlos”, decía el director de los Juegos en Norte de Santander, Cauca y Córdoba (2012), 8 meses antes del evento. Hallazgos fiscales por más de $66 mil millones en los fallidos Juegos entre Chocó y Tolima, problemas de logística y de infraestructura en San Andrés, quedan en la memoria no contada de esos Juegos.

En esta entrada explicamos cómo los Juegos Panamericanos de Lima 2019 dieron ejemplo de transparencia, y hacemos un llamado a los actores del sistema a adoptarlo. En Colombia, el 28 de enero de este año -en otro lanzamiento-, se firmaba el “Pacto por la Ética y la Transparencia para los XXI Juegos Nacionales de Bolívar”. Ocho meses después, no hay evidencia de las promesas, solo propaganda oficial, y a tan solo dos meses de los Juegos se publicó un sitio web profesional y bien diseñado, pero sin información que demuestre un compromiso con la transparencia en la contratación pública.

Los JDN del 2019 no están exentos del riesgo. El mencionado pacto es una manifestación de buena voluntad, pero la transparencia y el buen gobierno no son libres de costo, demandan recursos, personal asignado, y voluntad política para implementarse. No basta con autodenominarse transparentes, hay que probarlo, más aún cuando se administran recursos públicos. Proponemos aplicar al evento el primer Índice de Transparencia en el Deporte. Este Índice, gratuito y abierto al público, permite a las partes interesadas valorar el nivel de Transparencia Organizacional de la organización o el evento. Hágalo aquí.

La evaluación y estudios previos de proyectos de infraestructura deportiva demandan especialistas en ingeniera civil, arquitectura, hidrosanitaria, topografía, etc. Por ello haremos las preguntas pertinentes a los responsables de estos eventos, aquellas relacionadas con la idoneidad del cargo (su formación y experiencia profesional), como así también aquellas relacionadas con los estudios previos de esos proyectos. Además, nos inquieta que la información pública sobre algunos proyectos de infraestructura esté incompleta en el sitio oficial de Coldeportes. De nada sirve una ley de transparencia, si la información no se entrega, o se entrega fraccionada.

Pendientes de los JDN 2015
Centros sacúdete
Centros sacúdete

En Colombia tenemos un sofisticado marco normativo, organizaciones especializadas en la transparencia, múltiples acuerdos y eventos públicos, pero poca o nula implementación, poco o nulo seguimiento, y una cultura de apertura a la información deformada por los mismos intereses de siempre.

Los eventos deportivos se operativizan gracias a la constitución de organizaciones temporales. En algunas ocasiones se crea una persona jurídica para que administre el evento, y en períodos cortos de tiempo (1 a 3 años en el mejor de los casos), se ejecutan millonarios presupuestos para infraestructura y operación del evento, sin una rendición de cuentas adecuada. Los comités organizadores son conformados por personas cercanas al gobierno, quienes tienen la tarea de contratar productos y servicios con los colaboradores en campaña. Unas veces se contrata directamente con Coldeportes, otras a través de los INDER y/o INDEPORTES, y otras a través del Comité Olímpico Colombiano, dándole empleo a una cuadrilla de simpatizantes políticos y tecnócratas del deporte. Entonces, una nueva organización que en meses ya no existirá, más el sentido de urgencia del evento, y una baja cultura de rendición de cuentas propia de las organizaciones deportivas, configuran una mezcla propicia para la corrupción.

Si seguimos el mismo camino, los retrasos e inconformidades seguirán apareciendo, y el íncubo de los Juegos habrá tomado nombre propio, como el demonio que siempre ha estado ahí. Ver contratos.

John Henry Fuseli. The nightmare.

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*Íncubo (del latín Incubus, in, ‘sobre’ y cubare, ‘yacer’, ‘acostarse’) es un demonio, en la creencia y mitología popular europea de la Edad Media que se supone se posa encima de la víctima femenina durmiente, para tener relaciones sexuales con quien duerme, de acuerdo con una amplia cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias. Créditos: Wikipedia.