Apuestas en línea: el autogol del deporte colombiano.

El deporte nunca había sido tan visto ni tan patrocinado como ahora. Todo está por hacerse: hay que prevenir, educar, legislar, proteger a los denunciantes, intercambiar información y expulsar del deporte las estructuras criminales que corrompen oficiales y deportistas.

Un ex-jugador profesional de fútbol es detenido en su casa con cajas de dinero en efectivo. Otro grupo de directivos y futbolistas activos son capturados después de una operación policial. Once personas son acusadas de organización criminal, corrupción en el deporte y blanqueo de capitales.  Esta escena ocurrió en España durante la última semana de mayo, y seguirá ocurriendo en todo el mundo, si las autoridades no actúan a tiempo.

La corrupción en el deporte tiene muchas facetas. Dopaje y adicciones; abuso; injusticia; faltas a la ética (dentro y fuera de competencia); y el gigantismo en los eventos deportivos. En esta columna me refiero al match-fixing, o arreglo de competencias deportivas. La llegada de las apuestas en línea ha traído enormes cantidades de dinero al sistema, poniendo en riesgo la integridad en el deporte. Este problema global que ha escalado niveles de corrupción inmanejables por las organizaciones deportivas y las propias autoridades. En el arreglo de competencias actúan oficiales y deportistas corruptos con criminales organizados, quienes manipulan el rumbo de las competencias aprovechando el rol privilegiado de los primeros en la competición deportiva.

El negocio de las apuestas en línea en Colombia crece exponencialmente. Una de las casas de apuestas calculaba entregar 1.000 millones de pesos diarios en premios a finales del 2018. Coldeportes reportó 1.500 millones de pesos como el costo anual de preparar 20 atletas con proyección a medallas en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Estos negocios, permeables a la estafa y el lavado de activos, han sido rechazados por algunos bancos para no dañar su reputación. Esto no ha sido problemático para ninguna organización deportiva en Colombia, quienes han recibido patrocinio de estos negocios, yendo en contra del Código de Ética de la FIFA (Art. 26) y del Comité Olímpico Internacional (Art. 9). No se trata de rechazar el patrocinio, se trata de reconocer el problema y crear las capacidades institucionales para evitarlo.

Se puede apostar de todo y en todo, en cada momento, en todo lugar; desde un marcador hasta la alineación. En cada partido hay cientos de variables. Las apuestas cubren desde Tenis hasta juegos de dardos en cualquier lugar del mundo. Una ecuación que mide la corrupción dice que corrupción es igual a monopolio más discrecionalidad; menos rendición de cuentas [C=M+D-RD].

El sistema deportivo colombiano lo tiene todo en contra. Es decir, la legislación deportiva y el Estado promueven y patrocinan el monopolio deportivo, por eso en Colombia no puede existir otra Federación Colombiana de Fútbol, ni de ninguna otra disciplina. La discrecionalidad, que se refiere a la cautela de los dirigentes para obrar en secreto, sin que nadie sepa de sus actuaciones; y la rendición de cuentas, que se refiere a las explicaciones que los directivos dan a los deportistas y otras partes interesadas de su gestión. El monopolio, la alta discrecionalidad, la poca rendición de cuentas, y la falta de cultura política en el movimiento deportivo, han creado una zona franca para la corrupción en el deporte organizado.

Los intereses de las casas de apuestas llegaron para quedarse. El deporte nunca había sido tan visto ni tan patrocinado como ahora. Este problema se resuelve con la acción coordinada de los actores, y la implementación de sistemas de alertas y educación. Todo está por hacerse: hay que prevenir, educar, legislar, proteger a los denunciantes, intercambiar información y expulsar del deporte las estructuras criminales que corrompen oficiales y deportistas.

Una buena oportunidad para hablar del tema será la Cumbre Mundial Anticorrupción que se celebrará en Colombia este año; esperamos que el match-fixing haga parte de la agenda.